Documentos I.C
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
El plan de este catecismo se inspira en la gran tradición de los catecismos los cuales
articulan la catequesis en torno a cuatro "pilares": la profesión de la fe bautismal (el
Símbolo), los Sacramentos de la fe, la vida de fe (los Mandamientos), la oración del
creyente (el Padre Nuestro). Este Catecismo está concebido como una exposición orgánica de toda la fe católica. Es
preciso, por tanto, leerlo como una unidad. Numerosas referencias en el interior del texto y
el índice analítico al final del volumen permiten ver cada tema en su vinculación con el
conjunto de la fe. Con frecuencia, los textos de la Sagrada Escritura no son citados literalmente, sino
indicando sólo la referencia (mediante Cf.). Para una inteligencia más profunda de esos
pasajes, es preciso recurrir a los textos mismos. Estas referencias bíblicas son un
instrumento de trabajo para la catequesis. Cuando, en ciertos pasajes, se emplea letra pequeña, con ello se indica que se trata de
puntualizaciones de tipo histórico, apologético o de exposiciones doctrinales
complementarias. Las citas, en letra pequeña, de fuentes patrísticas, litúrgicas, magisteriales o
hagiográficas tienen como fin enriquecer la exposición doctrinal. Con frecuencia estos
textos han sido escogidos con miras a un uso directamente catequético. Al final de cada unidad temática, una serie de textos breves resumen en fórmulas
condensadas lo esencial de la enseñanza. Estos "resúmenes" tienen como finalidad
ofrecer sugerencias para fórmulas sintéticas y memorizables en la catequesis de
cada lugar. El acento de este Catecismo se pone en la exposición doctrinal. Quiere, en efecto,
ayudar a profundizar el conocimiento de la fe. Por lo mismo está orientado a la maduración
de esta fe, su enraizamiento en la vida y su irradiación en el testimonio (Cf. CT 20-22; 25). Por su misma finalidad, este Catecismo no se propone dar una respuesta adaptada, tanto
en el contenido cuanto en el método, a las exigencias que dimanan de las diferentes
culturas, de edades, de la vida espiritual, de situaciones sociales y eclesiales de aquellos a
quienes se dirige la catequesis. Estas indispensables adaptaciones corresponden a
catecismos propios de cada lugar, y más aún a aquellos que toman a su cargo instruir a los
fieles:
El que enseña debe "hacerse todo a todos" (1 Cor 9,22), para ganarlos a todos para Jesucristo... ¡Sobre todo que
no se imagine que le ha sido confiada una sola clase de almas, y que, por consiguiente, le es lícito enseñar y
formar igualmente a todos los fieles en la verdadera piedad, con un único método y siempre el mismo! Que sepa
bien que unos son, en Jesucristo, como niños recién nacidos, otros como adolescentes, otros finalmente como
poseedores ya de todas sus fuerzas... Los que son llamados al ministerio de la predicación deben, al transmitir la
enseñanza del misterio de la fe y de las reglas de las costumbres, acomodar sus palabras al espíritu y a la
inteligencia de sus oyentes (Catech. R., Prefacio, 11).
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